El presupuesto exacto que enviaste
Importe, alcance, plazos y condiciones. Con su huella digital, para que nadie pueda decir que la versión aceptada era otra.
Mandaste el presupuesto, el cliente respondió «adelante» y empezaste a trabajar. Tres meses después discute el precio, el alcance o directamente que lo aprobó. En España un acuerdo por email es un contrato válido; lo difícil es demostrar qué se acordó exactamente y cuándo.
Importe, alcance, plazos y condiciones. Con su huella digital, para que nadie pueda decir que la versión aceptada era otra.
Su respuesta, tal cual la escribió, con fecha certificada. Un «OK» de dos letras vale, si se puede probar.
Cada ampliación o modificación pedida por email. Es donde nacen la mayoría de discusiones.
Que entregaste lo pactado y cuándo enviaste la factura. Desde ahí empiezan a contar los plazos de pago.
Usa una etiqueta por cliente (evidencias-tu+nombrecliente@…) y el expediente se organiza solo.
Si el cliente responde a todos, su aceptación llega también a tu dirección de evidencias y queda sellada con su propio remitente verificado.
Cambios, entregas y facturas, con la dirección en copia. Si un día hace falta, exportas el dossier del cliente en un clic.
¿Qué valor tiene esto ante un juez? Lo explicamos en lenguaje llano en nuestra página de validez legal.
Sí. En el derecho español los contratos no necesitan una forma concreta: una oferta (tu presupuesto) y una aceptación (su respuesta) bastan. La dificultad nunca es la validez, es la prueba: demostrar el contenido y la fecha ante un juez. Eso es lo que resuelve el sellado.
Confirma por email: «Como hemos hablado, adelante con el presupuesto P-041 por 1.800 €». Manda ese correo con tu dirección en copia y pide que te lo confirmen respondiendo. Convierte una conversación volátil en una prueba sólida.
Para encargos pequeños, el email aceptado suele bastar. Si el importe es alto o el trabajo tiene fases, te conviene un contrato firmado por las dos partes: para eso está Proyectos, con cobro por fases y cada entrega registrada.
Para siempre. Aunque canceles la suscripción, lo ya sellado sigue siendo tuyo y accesible: actas, originales y verificación pública.
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